Cuando Lunahia Ramos recibió una llamada de su bisabuela y esta no la reconoció al otro lado de la línea, algo se movió en su interior. En lugar de resignarse al dolor silencioso que acompaña al Alzheimer —esa enfermedad que borra nombres, rostros y recuerdos—, Luna, como la llaman sus familiares y maestros, decidió hacer algo al respecto. Tenía 12 años.
Hoy, con 13 años y en octavo grado de la Forest City Adventist School, esta joven puertorriqueña presentó ante la administración y académicos de la Universidad Adventista de las Antillas un prototipo funcional de lentes inteligentes: las AI Face Identity Glasses, un sistema de reconocimiento facial basado en inteligencia artificial diseñado para ayudar a pacientes de Alzheimer a identificar a sus seres queridos en tiempo real.
«Yo quería que cuando ella me viera, supiera quién soy. Ese fue el momento en que nació la idea.»
— Lunahia Ramos, estudiante de octavo grado, Forest City Adventist School
El proyecto
El sistema desarrollado por Luna integra una cámara conectada a unas gafas convencionales, un microcontrolador y software de inteligencia artificial para la detección y clasificación de rostros. Al identificar a una persona, el dispositivo emite un mensaje de audio a través de un pequeño altavoz que indica al usuario quién tiene enfrente: «Este es tu nieto», «Esta es Luna, tu bisnieta».
Lo que hace aún más notable el proyecto es que Luna no solo concibió la idea, sino que aprendió a soldar componentes electrónicos, a programar en código, a depurar errores de software y a construir el prototipo físico con sus propias manos, bajo la mentoría del señor Robert Henley, M.A., del Florida Conference Institute for Leadership and Innovation y de GE Aerospace, quien la guió en cada etapa del proceso de investigación.
«Cuando tenía un error, me levantaba preguntándome: ¿cómo lo resuelvo? Le preguntaba al señor Henley, y él me decía en qué me había equivocado. Así aprendí», narró la estudiante con la naturalidad de quien ya piensa como ingeniera.
La ciencia detrás del sueño
Según el póster de investigación presentado por Lunahia Ramos y su compañera de proyecto Rihanny Romero, el Alzheimer es una enfermedad que deteriora progresivamente la memoria y la capacidad de reconocer a personas familiares, generando angustia emocional tanto en los pacientes como en sus familias. El proyecto propone que la tecnología de visión computacional e inteligencia artificial tiene el potencial de actuar como herramienta asistiva para restaurar esas conexiones perdidas.
Durante las pruebas realizadas con distintos miembros de su familia —incluyendo su propia bisabuela—, el sistema demostró ser capaz de detectar rostros y emitir la información correspondiente. Luna documentó los resultados con informes de interacción que evidenciaron cómo, al escuchar el nombre por el altavoz, la paciente reaccionaba con reconocimiento emocional aunque no pudiera recordar el nombre por cuenta propia.
La propia investigadora reconoce las limitaciones del sistema actual: la versión inicial solo reconocía una imagen fija por persona y era sensible a cambios en el ángulo de la cámara, la iluminación y la expresión facial. «Necesito entrenar el sistema con más imágenes, añadir más modelos de IA y mejorar la precisión», reconoció Luna con la claridad de una científica que entiende el proceso iterativo de la investigación.
Más allá de las gafas
Luna no se detiene en las gafas. Durante su presentación, la joven compartió su visión de un ecosistema tecnológico de salud integrado que incluiría una pulsera inteligente capaz de replicar las funciones del dispositivo, un sistema de monitoreo de signos vitales, recordatorios de medicamentos, notificaciones de movimiento geolocalizado y una aplicación móvil que permita a los familiares programar los datos de reconocimiento y establecer límites de seguridad para el paciente.
«Quiero que la familia pueda agregar a las personas, ver dónde están, recibir recordatorios como: a las 3 de la tarde llega tu hija. Así no se olvidan de las cosas importantes», explicó la estudiante, describiendo su aplicación con la precisión de un diseñador de producto.
Para hacer la experiencia más humana y menos robótica, Luna incluso integró la posibilidad de grabar la voz de los propios familiares para que el dispositivo los salude por su nombre con una voz conocida. «Si fuera una voz robótica estándar, sería menos personal. Pero si escuchan la voz de su nieta, eso cambia todo», señaló.
«No existe nada en el mercado que haga esto para la salud. Esa es la oportunidad.»
— Dr. Edwin Hernandez, Presidente UAA

Una semilla de innovación en Puerto Rico
El proyecto de Lunahia Ramos no es un caso aislado. La Forest City Adventist School y el Florida Conference Institute for Leadership and Innovation han apostado por un modelo educativo que coloca a los estudiantes en el centro de la investigación aplicada, permitiéndoles abordar problemas reales con herramientas reales. Este enfoque está produciendo resultados que trascienden el salón de clases.
Para Luna, la pregunta sobre su futuro también ya tiene forma: «Me gustan ambas áreas, la tecnología y la salud. Creo que puedo unirlas». Y con lo que ha demostrado hasta ahora, nadie en esa sala tuvo dudas de que puede hacerlo.
